Se puede ser políticamente correcto o no, pero se impide no ser sanitariamente correcto. Un cinismo ideológico impuesto políticamente con trasfondo de ilimitada avaricia empresarial neoliberal. Recomendaciones oficiales de tratamientos que no se aplican a sí mismos:
Por qué seis de cada diez sanitarios no se vacunan contra la gripe (y es un problema para todos)
Las irracionales medidas de los últimos años han disparado la desconfianza ciudadana en cuestiones sanitarias. La medicina se ha ido contaminando a lo largo de los años de perniciosos intereses corporativo-económicos hasta un nivel en el que una verdad manipulada está al mismo nivel que una flagrante mentira. Una cosa es la ciencia y otra cómo se cuenta y cómo se desarrolla el relato para no molestar a quien paga y reparte sillones.
Se presiona a los profesionales para que recomienden a sus pacientes tratamientos en contra de su propio criterio y que no se les ocurra expresar en voz alta lo que saben y opinan. Un posicionamiento crítico o contrario a las indicaciones oficiales se oculta o se hace bajo anonimato para evitar el más que probable castigo ejemplarizante. El nivel humano y científico de nuestras autoridades sanitarias alcanza elevadas cotas regalando manzanas y tiques de comida para que se conviertan y acepten las “recomendaciones” infestadas de intereses corporativos impuestas de forma piramidal por organismos y filantrocapitalistas antidemocráticos:
¿Está condicionada la independencia de la OMS por las ayudas de la Fundación Gates?
Saber que algo funciona (las Terapias Naturales por ejemplo) no empuja a los gobiernos (especialmente al nuestro) a promocionar su uso pero saber que algo produce un gigantesco daño de enfermedad y muerte no provoca medidas para detener el crimen:
🎙 PODCAST | PFAS: historia del tóxico industrial que llevamos dentro · UN TEMA AL DÍA
https://www.youtube.com/watch?v=2MhNyj_nkU0
La fiabilidad oficial en caída libre y el relato oficial sanitariamente correcto con calzador, manipulación ciudadana y lo que haga falta.

